Hoy en "El País"
Nunca antes el diseño de un automóvil había dado lugar a discusiones tan apasionadas en Internet. En
Forocoches llevan días analizando la carrocería del Ferrari Luce, en X proliferan los chistes y
los memes y todos los periódicos —y no solo las revistas especializadas—
están recogiendo las reacciones ante el nuevo modelo. Si comparamos esta presentación con
el lanzamiento, en octubre de 2024, del F80 (el hiperdeportivo que ocupa el escalón más alto dentro de su gama, destinado a ser el icono automovilístico de esta década), el Luce (a priori, un coche menos caro y menos prestacional)
ha registrado el triple de búsquedas en Google. Como la mayoría de comentarios han sido negativos, el efecto financiero de todo este revuelo también ha sido adverso:
la cotización de Ferrari ha caído más de un 7% en bolsa (el equivalente a que 4.000 millones de euros se esfumen).
Aunque buena parte de las reacciones no son las que la compañía controlada por John Elkann (nieto de Gianni Agnelli) esperaba, no es extraño que este haya sido el coche —e incluso el producto industrial— más polémico de los últimos años porque reúne varias características que no se habían visto antes bajo el escudo del
Cavallino. En primer lugar, estamos ante el primer diseño de un estudio externo en bastantes años. Ferrari, que tradicionalmente no contaba con un departamento de diseño interno porque durante décadas confió esa tarea a Pininfarina, se alejó de los turineses alrededor de 2013, y en 2018 ya tenía una gama enteramente desarrollada por su propio equipo, dirigido por Flavio Manzoni (autor de la exitosa reinterpretación del FIAT 500). Así que el encargo del diseño del Luce al colectivo estadounidense LoveFrom, formado por Jonathan Ive y Marc Newson, supone una novedad dentro de la Ferrari contemporánea.
Además, en un intento de “democratizar la experiencia”, en palabras de Ive, el Luce es también el único modelo de la marca con cinco asientos. Y, por último, estamos ante el primer Ferrari completamente eléctrico. Si hasta hace poco de la fábrica de Módena solo habían salido coches con enormes motores de gasolina de seis, ocho o, más habitualmente, 12 cilindros; ahora son cuatro pequeños motores eléctricos los que hacen girar cada rueda gracias a la energía que proporciona una batería en la base del vehículo.
Imagen publicitaria del Ferrari Luce.Ferrari
Muchos aficionados al automovilismo lo tienen claro: demasiadas novedades para un solo modelo. Pero la conversación va mucho más allá de las cuestiones técnicas o de las más subjetivas sobre proporciones y colores. Como sucede durante los últimos años, cada vez que una empresa arriesga con un producto que se presenta como más ecológico, los comentarios enseguida se convierten en proclamas nostálgicas. Hay quienes echan de menos los ángulos más agresivos de otros deportivos y hay quienes afirman que Ferrari ha sacado un coche sin esos atributos porque “Occidente se hunde”. Hay quien prefiere el rugido de un motor de gasolina y quien continúa haciendo bromas homófobas sobre los coches eléctricos. La polémica en torno al Luce renueva la conexión entre testosterona y gasolina y vuelve a poner de manifiesto que hay algo en el derroche de petróleo que excita las masculinidades más reaccionarias.
Una marca y su legado
La conexión sentimental de los seguidores con una marca como Ferrari es solo comparable a la que establecen los fans más acérrimos con su estrella del pop o del rock favorita. Quizá por eso, la presunta traición a los valores que enarbola Ferrari está siendo tan traumática como la electrificación de
Bob Dylan en 1965, cuando decidió encender el amplificador y saltar del
folk al
rock. Sin embargo, el diseñador de automóviles Enrique Miñarro, explica que él, con años de experiencia en Pininfarina, no percibe ninguna traición, sino un recorrido coherente con un resultado, eso sí, algo ingenuo y donde no se percibe una intención clara. “La expresión formal de cualquier coche refleja sus características mecánicas. En este caso, ha cambiado la parte técnica, así que el producto tiene que ser distinto: tenía que haber una ruptura”, comenta a ICON.
“Si Ferrari quiere lanzar un coche eléctrico, se queda sin su esencia. Así que han tenido que tomar una decisión compleja a nivel estratégico. Pero es normal que el Luce no nos parezca un Ferrari, porque esos objetos que sí que nos parecen un Ferrari están basados en una parte mecánica muy distinta”
Enrique Miñarro
“Un Ferrari es la representación más extrema y más perfecta de un coche en cuanto a rendimiento”, continúa Miñarro. “Hasta ahora, estaban basados en una concepción clásica (aunque muy innovadora) del automóvil, estructurada alrededor del motor de combustión y de todo el conjunto mecánico que deriva de él: suspensiones, dirección, electrónica…, cada vez más sofisticado. Los Ferraris actuales de combustión reflejan esa esencia y todo lo que se ve en ellos tiene una razón de ser: el capó es largo porque debe alojar un motor de doce cilindros, las rejillas cumplen con los requerimientos de refrigeración, los alerones dan carga aerodinámica… Pero un Ferrari eléctrico no puede reflejar lo mismo. Empezando porque un coche eléctrico no tiene un solo motor grande, así que, obviamente, tiene que ser un coche muy distinto”.
El diseñador explica que en el automóvil eléctrico toda la mecánica cambia o desaparece, así que no habría tenido sentido mantener, casi como un trampantojo, unas formas más reconocibles pero desprovistas de función. “Si Ferrari quiere lanzar un coche eléctrico, se queda sin su esencia. Así que han tenido que tomar una decisión compleja a nivel estratégico. Pero es normal que el Luce no nos parezca un Ferrari, porque esos objetos que sí que nos parecen un Ferrari están basados en una parte mecánica muy distinta”.
Fotografía trasera del Ferrari Luce.Ferrari
Como comenta
en una entrevista en profundidad donde no se percibe demasiada sintonía con Manzoni, Ive elaboró tres libros llenos de referencias y detalles de la historia de la marca que le inspiraron durante su trabajo. El diseñador,
célebre por haber ideado algunos de los dispositivos más exitosos de Apple, como el iPod o el iPhone, sostiene que, con la popularización de los automóviles eléctricos, Ferrari podría atravesar una crisis —de identidad y económica—
equivalente a la que los fabricantes suizos de relojes atravesaron cuando apareció la maquinaria de cuarzo, más precisa y mucho más barata que sus mecanismos perfeccionados durante siglos. Si la
revolución del cuarzo empujó a muchas relojeras como Patek Philippe a centrarse en el mercado del lujo, Ive cree que Ferrari también debe ofrecer algo distinto de lo que puede vender cualquier otro fabricante de automóviles eléctricos: “Busco maneras de conectar visceral y emocionalmente con el coche”, afirma. Y enseguida añade que, aunque un Ferrari nunca será un producto de masas (como lo han sido los
smartphones de Apple, presentes en miles de millones de bolsillos), él trabaja siempre bajo una responsabilidad “no solo respecto a sus potenciales consumidores, sino con el resto de la humanidad”. De esta forma, se puede entender el Luce casi como un manifiesto: Ive ha querido diseñar la mejor experiencia de uso posible para el automóvil eléctrico y, de hecho, hay un aspecto de su creación que nadie critica: su interfaz, sus mandos y su interior.
Masculinidad, gasolina y electrificación
El también diseñador de automóviles en activo Rafael Gordo no quiere valorar todavía el diseño del Luce (“solo lleva un par de días ahí fuera y tendremos que ver qué tal funciona tras el impacto inicial”) pero sí que se atreve a señalar que buena parte de la polémica se debe a que este coche ha sido lanzado por la marca más especial de su sector. “Ferrari es una marca única, que tiene los fans más acérrimos, apasionados y puristas del mundo del motor”.
¿Quizá por eso impacta tanto ese diseño que algunos, con sarcasmo, juzgan propio “de un electrodoméstico”? “Hay marcas que hacen un diseño más de producto: nos referimos así a los diseños más racionales (puedes pensar en Volvo o en Škoda, que funcionan muy bien así); pero Ferrari hace lo contrario: ellos tienen un diseño puramente automotivo, muy emocional o escultórico, son como criaturas que transmiten con líneas muy tensas sus prestaciones. Así que probablemente el coche más racional sea un monovolumen. Pero para el cliente, un coche es también un medio para expresar su personalidad y controlar la imagen que transmite. Así que juzgar un Ferrari mediante la racionalidad quizá esté un poco fuera de lugar”.
Entonces, sabiendo que este Luce es, de momento, una excepción dentro de un mercado donde Lamborghini, con diseños cada vez más afilados, es la marca más popular entre
influencers, ¿estamos ante algo que podría marcar tendencia, algo así como la irrupción del “lujo silencioso” entre los coches más caros? “Veo la tendencia contraria”, responde Gordo. “El mercado del megalujo no ha hecho más que crecer en los últimos años. Cada vez hay más competencia y siempre que debes crear algo más exclusivo o sorprendente, haciéndolo más llamativo y extrovertido. Son símbolos de estatus y siempre están intentando añadir ese
algo más que lo separe del último lanzamiento de un competidor. Así que no veo en el mundo del lujo mucho espacio para la discreción, al menos en el diseño automotivo. Por ejemplo,
Jaguar con el Type 00 y
Mercedes con el GT AMG también han sido polémicos, pero son muy radicales”.
Cierto exhibicionismo es inseparable de cualquier coche deportivo, pero el investigador Jaime Vindel, autor de
Estética fósil: imaginarios de la energía y crisis ecosocial, defiende que la conducción de cualquier vehículo privado ya implica posicionarse dentro de un campo lleno de tensiones, contradicciones y deseos. “El automóvil es una máquina que ha concentrado deseos y promesas. Desde la afirmación masculina del motor de combustión y la guerra total en la obra de Marinetti hasta las expectativas de evasión de las clases medias, pero también de las trabajadoras. El automóvil es un espacio de conexión con la libertad de la que carecemos en otras esferas de nuestra vida y un referente de proyección libidinal fuertemente sexualizado, como demuestra la clásica asociación entre el diseño de sus curvas y el cuerpo femenino. Pero también es un instrumento imprescindible para quienes lo requieren para acudir al trabajo o para compatibilizar su actividad laboral con recoger a sus hijas en el colegio o ir al supermercado. El automóvil aparece entonces como un catalizador de los deseos y los tiempos que condicionan nuestro día a día. Al amalgamar pasiones realizables y necesidades de primer orden, se convierte en un objeto de disputa política central”, explica.
Este enorme peso simbólico del automóvil en nuestras sociedades contemporáneas (escenificado
con la presentación al Papa de cada nuevo Ferrari) explica que algo que podría haberse quedado en una discusión anecdótica sobre estética se haya convertido en una disputa sobre identidades y política. Porque a muchos hombres lo que les enfada del Luce, que costará más de medio millón de euros, es que sea eléctrico.
“Sin duda, el modo en que determinados hombres se aferran al coche de combustión evidencia una actitud reactiva, la pérdida de un mundo de identidades estables, sobre el que asientan otros fenómenos contemporáneos como la reacción antifeminista y el auge de la extrema derecha”, continúa Vindel. “Sin embargo, sería una torpeza política despreciar esas pulsiones desde una reivindicación estrictamente ecologista del coche eléctrico, que plantea problemas relacionados con los materiales. Debemos impulsar la electrificación y la desprivatización de la movilidad, pero también es importante dotar a los vehículos eléctricos de una cierta erótica, de una capacidad de seducción alternativa”,
concluye el también comisario de la exposición Aquí hay petróleo.
Si Apple invitaba a “pensar distinto” con productos diseñados por Jonathan Ive, parece que ahora el diseñador nos ha propuesto “soñar distinto”. De momento, pocos habitantes de Internet están aceptando esta invitación. Solo el tiempo dirá si, cuando la polémica cese, las ventas convierten al Ferrari Luce en un éxito o pasa a ser una anécdota más memorable por todo lo que ha rodeado su lanzamiento que por sus formas. Porque, como recuerda Miñarro: “Este coche, si no tuviera el logotipo de Ferrari, habría pasado desapercibido. En realidad, es un diseño que comunica poco, creo que se ha quedado un poco corto de significado”. Cuando se maneja un material tan sensible como la marca Ferrari, quedarse corto deja espacio para la tormenta.
Sobre la firma
Enrique Rey