Como un tren, Raúl.
Simpatiquísima, rubia, ojos verdes, 1,75 y curvas como para conducir la Giulia.
Eso, allá por 2006 que fue cuando sucedió el pinchazo.
Un día iba por la calle con mi mujer y nos tropezamos con ella. Me saludó efusivísima, con un abrazo enorme mientras gritaba mi nombre.
Pordéis imaginaros la cara de mi esposa ante aquella mujer despampanete que, literamente, se tiraba en brazos de su marido.
Por lo demás, una profesional competentísima, y buena gente. Volvió a Brasil con la crisis de aquí y el boom de allá. Ahora lo está pasando peor que regular allí.
Ni qué decir que jamás hubo nada que no fueran pinchazos y castos pero efusivos abrazos.
Simpatiquísima, rubia, ojos verdes, 1,75 y curvas como para conducir la Giulia.
Eso, allá por 2006 que fue cuando sucedió el pinchazo.
Un día iba por la calle con mi mujer y nos tropezamos con ella. Me saludó efusivísima, con un abrazo enorme mientras gritaba mi nombre.
Pordéis imaginaros la cara de mi esposa ante aquella mujer despampanete que, literamente, se tiraba en brazos de su marido.
Por lo demás, una profesional competentísima, y buena gente. Volvió a Brasil con la crisis de aquí y el boom de allá. Ahora lo está pasando peor que regular allí.
Ni qué decir que jamás hubo nada que no fueran pinchazos y castos pero efusivos abrazos.




