Sobre el cambio automático.
A mí a veces me ocurre que, en carretera, parece que se me va la mano al cambio, como queriendo cambiar. Es muy ocasionalmente, pero parece que en esos instantes lo echo de menos.
Pero luego cojo un coche con cambio manual y en ciudad o atascos me parece un verdadero c*ñazo y en carretera te das cuenta de que, en la mayoría de las ocasiones, el automático simplifica mucho el trabajo.
Al menos para los que estamos muy lejos de ser virtuosos de la conducción. No digo nada para los expertos en punta-tacón.
En todo caso, los coches deportivos por excelencia, no llevan manual. Empezando por los F1 y siguiendo por los Ferrari y similares, la mayoría de los Porsche y, ahora, los coches más o menos terrenales.
Como dice alguien más arriba, el purismo de la conducción merece un coche clásico, de los 70 hacia atrás: direcciones con 4 duras vueltas de volante, embragues duros y poco progresivos, en los que se siente en ñeg-ñeg del mecanismo cada vez que lo accionas, motores de carburación que requieren delicadeza para arrancar y moverse sin atragantarse durante los primeros kilómetros y estabilidad muchas veces dudosa en las que cada curva lenta consituye una pequeña prueba, combinando reducciones, manoteo al volante, y la prevención de extrañas reacciones en el eje trasero mientras el delantero tiende a flotar.
Y no digamos por las carrteras de entonces, donde algo que se llamba "firme rizado" era casi la norma fuera del circuito Redia. Por no contar las aventuras de mis abuelos -uno de ellos mecánico- antes de la Guerra, conduciendo coches de los años 30 por carreteras secundarias aún de tierra o, a lo sumo, de macadán....
En buena medida, la historia del automóvil no deja de ser la historia de la simplificación de la conducción. El cambio automático, un invento que se comercializa desde los años 30, no deja de ser una parte de más de esa simplificación.
A mí a veces me ocurre que, en carretera, parece que se me va la mano al cambio, como queriendo cambiar. Es muy ocasionalmente, pero parece que en esos instantes lo echo de menos.
Pero luego cojo un coche con cambio manual y en ciudad o atascos me parece un verdadero c*ñazo y en carretera te das cuenta de que, en la mayoría de las ocasiones, el automático simplifica mucho el trabajo.
Al menos para los que estamos muy lejos de ser virtuosos de la conducción. No digo nada para los expertos en punta-tacón.
En todo caso, los coches deportivos por excelencia, no llevan manual. Empezando por los F1 y siguiendo por los Ferrari y similares, la mayoría de los Porsche y, ahora, los coches más o menos terrenales.
Como dice alguien más arriba, el purismo de la conducción merece un coche clásico, de los 70 hacia atrás: direcciones con 4 duras vueltas de volante, embragues duros y poco progresivos, en los que se siente en ñeg-ñeg del mecanismo cada vez que lo accionas, motores de carburación que requieren delicadeza para arrancar y moverse sin atragantarse durante los primeros kilómetros y estabilidad muchas veces dudosa en las que cada curva lenta consituye una pequeña prueba, combinando reducciones, manoteo al volante, y la prevención de extrañas reacciones en el eje trasero mientras el delantero tiende a flotar.
Y no digamos por las carrteras de entonces, donde algo que se llamba "firme rizado" era casi la norma fuera del circuito Redia. Por no contar las aventuras de mis abuelos -uno de ellos mecánico- antes de la Guerra, conduciendo coches de los años 30 por carreteras secundarias aún de tierra o, a lo sumo, de macadán....
En buena medida, la historia del automóvil no deja de ser la historia de la simplificación de la conducción. El cambio automático, un invento que se comercializa desde los años 30, no deja de ser una parte de más de esa simplificación.