En el garaje, con rampa en curva de ancho irregular, el coche, cruzado en la curva, pasa a cinco centímetros o menos de la pared por delante y por detrás. Una distracción de una décima de segundo puede ser fatal: ya lo he comprobado. Hay que ir pendiente del morro y de la cola mediante espejos de pared y los propios del coche.
Pues bien, los sensores de proximidad, en esas circunstancias, no sirven de nada. Cuando llevé la unidad de prueba, el sistema casi se (me) vuelve loco de tanto pitar.
Y es que, en efecto, el pitido contínuo deja mucho margen de maniobra, esos 30 cm. que quizá sean algo exagerados en casos que requieran finura en la precisión. Tampoco alertan de bordillos altos o de muretes absurdos de 20 o 30 cm. Sin embargo, me resultan muy útiles marcha atrás para detectar obstáculos en ángulo muerto, digamos en el lateral trasero derecho, como peanas graníticas de farolas.
En todo caso, los retrovisores, de buen tamaño, permiten ver bordillos laterales o líneas de señalización. Al final es lo que más confianza da, convenientemente asistido por los sensores.
Pues bien, los sensores de proximidad, en esas circunstancias, no sirven de nada. Cuando llevé la unidad de prueba, el sistema casi se (me) vuelve loco de tanto pitar.
Y es que, en efecto, el pitido contínuo deja mucho margen de maniobra, esos 30 cm. que quizá sean algo exagerados en casos que requieran finura en la precisión. Tampoco alertan de bordillos altos o de muretes absurdos de 20 o 30 cm. Sin embargo, me resultan muy útiles marcha atrás para detectar obstáculos en ángulo muerto, digamos en el lateral trasero derecho, como peanas graníticas de farolas.
En todo caso, los retrovisores, de buen tamaño, permiten ver bordillos laterales o líneas de señalización. Al final es lo que más confianza da, convenientemente asistido por los sensores.


