Diario de guerra(s)

Situación sobre el frente.

Allí, según las investigaciones de Mediazone y la BBC, 281.753 militares rusos habrían perdido la vida desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, el 24 de febrero de 2022. Una cifra que a buen seguro crecerá en fechas próximas, dado el esfuerzo que el Ejército ruso está haciendo particularmente hacia Dobropillia, tras sufrir un reciente revés al norte del Donbás, en el antiguo saliente de Sandryholove, debido a la operación Vivaldi.

El caso aquí es que, dicho esto, la defensa ucraniana de Sloviansk y Kramatorsk atraviesa lo que podríamos denominar como una fase de reorganización operativa, marcada por el despliegue de refuerzos y las contraofensivas destinadas a alejar a las fuerzas rusas de los accesos al principal cinturón fortificado que Kiev conserva en Donetsk. Según algunos observadores, el mando ucraniano ha dividido el dispositivo regional entre dos agrupaciones: UV Centro, dirigida por Andrii Biletskyi, responsable del sector Borova-Druzhkivka, y UV Azov, bajo Denys Prokopenko, encargada de su flanco meridional hasta Novopavlivka.

Hay que tener en cuenta que, como decíamos, en el sector septentrional la situación ha evolucionado favorablemente para Ucrania durante las últimas semanas. La operación Vivaldi, desarrollada alrededor de Limán, ha permitido recuperar terreno y dificultar los movimientos rusos hacia Sloviansk. Según cifras oficiales ucranianas, que cada cual puede creer o no, las AFU retomaron 16 localidades y 277 kilómetros cuadrados. Por su parte, DeepState identificó avances ucranianos en Kolodiazi, Lypove, Zelena Dolyna, Stavky y Shandryholove.

Más al sur, en los accesos orientales a Sloviansk y Kramatorsk, los combates afectan al espacio comprendido entre el río Síverski Donets, Mykolaivka y las localidades situadas al este de Kramatorsk, como hemos ido contando. En este caso, tenemos también contraataques ucranianos alrededor de Ozerne, Pyskunivka, Kryva Luka y Rai-Oleksandrivka, así como en Malynivka y Minkivka. Lo más reciente en la zona serían las operaciones ucranianas contra grupos infiltrados rusos en Tykhonivka, lo que apunta a que las AFU están luchando por retomar avanzadas y no, como reclaman desde Rusia, a ninguna ruptura del frente en la zona de Mykolaivka, que desde luego no está en poder ruso.

En el flanco meridional de este gran esfuerzo ruso hacia Sloviansk y Kramatorsk, es decir, en Kostiantynivka y el eje Pokrovsk-Dobropillia la situación es complicada para Ucrania, pero no dramática.

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Al menos no todavía. Rusia mantiene la presión sobre los accesos a Druzhkivka, mientras intenta desarrollar una maniobra envolvente desde el suroeste. Ahora bien, las afirmaciones rusas sobre la captura de Dobropillia y Kostiantynivka no son ciertas a tenor de los vídeos e informaciones que llegan del terreno. Más bien podríamos hablar, aunque no deja de ser un eufemismo, de una situación que continúa siendo fluida, con avances limitados, infiltraciones y zonas de control disputado.

Desde una perspectiva puramente operacional hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que la amenaza principal para los ucranianos no reside únicamente en un asalto frontal contra Sloviansk y Kramatorsk, convertidas en auténticas fortalezas (de ahí que hablemos en el título del informe de Festung Sloviansk y Festung Kramatorsk) sino en la posible interrupción de sus comunicaciones occidentales. De hecho, no son pocas las fuentes que han ido advirtiendo sobre la vulnerabilidad de la carretera M03 y de la importancia de las conexiones con la región de Dnipropetrovsk.

Por ahora, en cualquier caso, no existen razones para creer que Rusia pueda lograr un cerco inminente, mientras Ucrania sigue moviendo unidades a la zona y mantiene la defensa tanto de Konstyantynivka como de Dobropillia. Las operaciones ucranianas alrededor de Limán han complicado además el dispositivo ofensivo ruso, aunque Moscú conserva capacidad para sostener ataques de desgaste y presión simultánea sobre los distintos accesos al cinturón fortificado. Lo más probable es que, de llegarse a esa situación y explicado todo lo anterior, el intento ruso de asalto definitivo no tuviese lugar hasta al menos la primavera de 2027, lo que hace pensar que Moscú seguirá intentando ganar esta batalla en los despachos mientras continúa haciendo un uso masivo de las armas de largo alcance.
 
1699 19/10/2026


 
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Pasando ya al frente, se ha hablado de la situación en dirección a Kupiansk, en donde "las fuerzas rusas siguen intentando eliminar la cabeza de puente ucraniana en Kupiansk en la orilla este del Oskil. Están utilizando el 1.º Ejército de Tanques (AT) del grupo de fuerzas Zapad, reforzado por unidades del 6.º Ejército de Armas Combinadas (AAC) del grupo Sever". Allí "Como recordatorio, a mediados de agosto el mando ruso concentraba su principal esfuerzo en el eje Pishchane – Kupiansk-Vuzlovyi. El objetivo era dividir la cabeza de puente ucraniana en dos partes, norte y sur, y luego destruirlas una por una, comenzando por la del norte (Zaoskillia)". En cualquier caso, según los últimos análisis y por el momento Rusia "no ha logrado esto. Además, en los últimos dos meses y más, el territorio que controlan las fuerzas rusas en esta dirección aparentemente no ha crecido en absoluto".

Más al sur, en torno al río Zherebets, se ha vuelto a asegurar, en este caso por parte ucraniana, que las AFU estarían tomando posiciones en la orilla oriental de dicho río, a la altura de Terny.

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También ha sido noticia Dobropillia, donde como hemos venido explicando hay infiltraciones rusas, pero en total sumarían unas pocas docenas de hombres. Sin embargo, como también sabemos, Rusia ha reclamado el control total de esta localidad, algo que ha motivado una respuesta por parte de Kyrylo Budanov, quien ha enmarcado dicha reclamación en el marco de las negociaciones que se están llevando a cabo y de las dinámicas internas rusas. Lo interesante del caso, como de tantos otros (recordemos en su día Limán, o el "caldero" al este de Vovchansk, etc.) es que recientemente la disparidad entre la línea de contacto y lo que Rusia asegura controlar es mayor que nunca, algo que estaría sirviendo paradójicamente a la Administración Trump para justificar ciertas posiciones, como se desprende de las palabras de Marco Rubio, quien ofrece una visión apocalíptica de la situación sin demasiada base.

Mientras tanto, en el mundo real, Dobropillia continúa controlada, en sus partes fundamentales, por las AFU. Rusia, además de seguir tratando de afianzarse allí al sur y al noreste, intenta avanzar también en otros puntos entre dicha ciudad y Konstyantynivka, como ocurre con Novovodiane, si bien Ucrania está logrando frenar a los infantes rusos con cierta solvencia a la altura de la T051
 
En cuanto a las novedades sobre el frente, comenzamos hoy por una novedad curiosa, y es que al parecer el 2º Cuerpo "Khartia" de la Guardia Nacional ucraniana habría llevado a cabo una operación subterránea, conocida como operación "Veles", posiblemente en el sector de Kupiansk, aunque por el momento se desconocen los detalles exactos. Lo más probable, pues hablamos de ello hace unas semanas, es que se refieran a una misión destinada a destruir accesos subterráneos empleados por los militares rusos en la zona.

Más allá de esto, las novedades son pocas también hoy. En dirección a Dobropillia, la situación sigue complicándose para las AFU, que ven cómo en distintos puntos el Ejército ruso sigue lanzando incursiones que obligan a distraer recursos para ser eliminadas, como ocurre en torno a Serhiívka.

En torno a Gualiaipolé, el Ejército ruso habría logrado recientemente ampliar las zonas de infiltración en la zona al norte de Luvishke y hacia Babashi.

En dirección a Orijiv, por su parte, algunos mappers recogen tanto ataques rusos como los últimos contraataques ucranianos en Mali Shcherbaky, aunque en realidad estas novedades ya las hemos señalado en informes anteriores. Rusia, en esta zona, habría logrado además después de diez meses asegurar el control de la vía férrea a poniente de esta urbe.

Por último, habría alguna pequeña novedad en el sector del Dniéper, en este caso con nuevos combates en Stepnohirsk, en los antiguos restos de la planta solar.
 
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Cuando hace cinco meses caractericé por primera vez el principio rector de la política exterior de Donald Trump como el suicidio de una superpotencia, ya resultaba evidente que su capricho de entrar en guerra contra Irán era una catástrofe estratégica. Ese fracaso es ahora aún más evidente y, lo que es peor, le ha dado a Trump otro pretexto para recompensar a Rusia. La debilidad ha engendrado aún más debilidad.

Irán supo desde el primer momento que Trump no lanzaría una invasión y eso le permitió intensificar el conflicto a su antojo. Estados Unidos se ha visto obligado a reducir su presencia en Oriente Próximo (e incluso a retirar bombarderos estratégicos del Reino Unido, algo impensable hasta hace poco).

Mientras tanto, los aliados de Irán pueden atacar impunemente a los aliados estadounidenses en toda la región: los hutíes atacan el aeropuerto de Riad en la capital de Arabia Saudí y nadie puede hacer mucho al respecto. En EE UU, la guerra es extremadamente impopular, sobre todo porque ha provocado un aumento de los precios del combustible. De cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato, esta vulnerabilidad se alinea con la otra gran debilidad de Trump: su deseo, arraigado desde hace tiempo, de cumplir la voluntad del presidente ruso, Vladímir Putin.

Trump, en quien el Kremlin había depositado sus esperanzas de una victoria en Ucrania, ha cedido en gran medida frente a Putin (sobre todo, al poner fin a las transferencias y ventas de armas estadounidenses a Ucrania y, la semana pasada, acordar la compra gasóleo ruso, antes de culpar a Ucrania por los altos precios de los combustibles). La injusticia de esas acusaciones es palpable en Ucrania, donde Rusia ha destruido infraestructura energética con misiles balísticos y gasolineras, con drones. Los ucranios arriesgan la vida para cargar combustible, y los estadounidenses pagan más en las gasolineras, porque Trump prefirió una derrota desastrosa en Irán antes que apoyar a Ucrania. Al culpar a los ucranios por el desastre que él mismo creó, Trump ha encontrado la manera de ayudar a su patrono, Putin.

La aparente motivación tras este acuerdo con el Kremlin, un parche para bajar los precios del gasóleo antes de las elecciones de mitad de mandato, carece de sentido; no está claro que Rusia realmente vaya a ser capaz de suministrar el combustible, considerando la escasez interna que sufre. Como suele ocurrir con los acuerdos de Trump, esto bien podría acabar con los contribuyentes estadounidenses pagando el doble o el triple del precio de algo anunciado como un regalo.

Imaginemos, sin embargo, que los barcos rusos logren llevar gasóleo a los puertos estadounidenses, eso significaría, muy probablemente, que Rusia habrá dejado en la estacada a otros socios a cambio del agradecimiento de Trump. Ni la oferta del gasóleo ni su precio cambiarían en el mundo.

Pero el simbolismo es inequívoco: Trump está alineando visiblemente a EE UU con Rusia, el único efecto de suavizar las sanciones es ayudar a Putin. Por supuesto, dado que Rusia les ofreció lucrativos acuerdos petroleros a los “negociadores” de Trump (casualmente, el yerno y uno de los amigos del presidente de EE UU), no se puede descartar una “mordida” personal. En este momento EE UU no cuenta con una política exterior en el sentido habitual, sino con clanes que buscan convertir los desastres provocados por Trump en estafas.

Esta combinación de debilidad y corrupción es otro rasgo característico del suicidio de una superpotencia. La fortaleza de EE UU se basa en el imperio de la ley, pero comprar gasóleo a Rusia es, en la práctica, ilegal, dado que una ley de 2022 lo prohíbe a menos que Rusia se retire de Ucrania. Trump también acaba de firmar una ley que prevé sanciones más duras contra Rusia y aranceles punitivos para los países que importen combustible ruso. Esto no solo lleva a que toda la situación resulte aún más grotesca, sino que también vacía de sentido la legislación estadounidense, debilitando aún más al país.

Incluso si uno intenta adentrarse en el mundo mental del movimiento MAGA e imaginar que las prioridades de Trump en materia de política exterior son exactamente las que proclama, sus acciones tremendamente contradictorias frente a Irán y Rusia generan un ciclo de debilidad que se retroalimenta. Como todo el mundo sabe, Irán y Rusia son aliados cercanos que se proveen mutuamente de armas e información de inteligencia: Irán suministra drones a Rusia e incluso envió al inicio de la guerrainstructores de uso de drones a las zonas ocupadas de Ucrania; Rusia respalda abiertamente a Irán en su guerra contra EE UU, mientras sus especialistas nucleares trabajan sin descanso en suelo iraní. Con el envío de dólares a Rusia, Trump está ayudando a Irán y cortejando a un líder que apoya a su enemigo.

La política exterior abiertamente prorrusa de Trump ha creado un mundo más peligroso: si Rusia gana la guerra a gran escala contra Ucrania, los agresores de todo el mundo se sentirán envalentonados. Y la petición de Trump (un eco de la propaganda rusa) para que Ucrania elija un nuevo presidente respalda la idea de que son los invasores y no los votantes quienes deben elegir a los gobiernos. Trump parece creer que Ucrania debe dejar de defenderse de Rusia mientras los rusos se niegan a ceder o a negociar una propuesta de paz.

La razón por la que Putin no tiene intención de negociar es la maleabilidad de Trump, quien decidió que EE UU debía comprar gasóleo ruso tras llamar a Putin para conversar sobre la alerta por una plaga en un laboratorio siberiano. Un cambio de tema tan brutal sugiere que Putin es capaz de controlar a Trump a su antojo. La ironía es que Putin juega con muy malas cartas en la guerra contra Ucrania; su fortaleza solo se debe a la debilidad de Trump.

Trump, incapaz de ganar la estúpida guerra contra Irán, culpa a Ucrania de sus consecuencias y utiliza esa mentira para justificar el fin de las sanciones contra Rusia, prolongando así también esa otra guerra. Esto es combatir desde la debilidad, no solo en los hechos, sino casi como una doctrina: Estados Unidos debe perder una y otra vez, y hay que iniciar, prolongar o fomentar guerras, para que Trump y sus compinches ganen dinero. Fingir que se puede confiar a Trump cualquier tipo de poder implica formar parte del actual suicidio de Estados Unidos como superpotencia.

Timothy Snyder es el primer profesor a cargo de la cátedra de Historia Europea Moderna de la Escuela Munk de Asuntos Internacionales y Políticas Públicas de la Universidad de Toronto. Además, es miembro permanente del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, y escribió o editó veinte libros.

Traducción al español por Ant-Translation.

Copyright: Project Syndicate, 2026.www.project-syndicate.org
 
Cambiando ahora de tercio, para centrarnos en las operaciones sobre la línea de frente, cabe decir que la información vuelve a ser mínima, en la que no deja de ser una de las razones (el estancamiento) detrás de este nuevo intento de negociación (motivado entre otros por la imposibilidad rusa de avanzar y la necesidad de obtener ingresos con los que seguir reconstituyendo sus FAS, muy mermados según algunas fuentes por la campaña de ataques ucranianos contra los hidrocarburos rusos), por ahora con pocos visos de prosperar a pesar de las esperanzas de algunos, incluyendo señalados analistas.

Dicho esto, durante la jornada se ha hablado sobre temas como la proporción de bajas y los recientes intercambios de cuerpos que, a pesar de todo, no nos dicen demasiado sobre dicha proporción, coincidiendo además, según los ucranianos, con las jornadas en las que supuestamente habrían infligido más bajas a Rusia.

También sobre cómo las restricciones al uso de Starlink podrían haber sido levantadas en las últimas horas, lo que permitirá a las AFU reanudar sus ataques a media distancia, aunque no todas las fuentes son tan optimistas, hablando algunas de una vuelta al funcionamiento solo temporal.

Y sobre la operación Veles, de la que hablamos ayer y que en última instancia no habría consistido exactamente en ataques contra los túneles usados por Rusia para sus infiltraciones, sino en utilizarlos para infiltrarse en la retaguardia de las fuerzas rusas cerca de Kupiansk después de avanzar unos 15 kilómetros (9 millas) a través de gasoductos subterráneos.

También sobre la situación en Vovchansk, donde recientemente se habría podido ver a elementos de las AFU ocupando posiciones al sur de la ciudad, entre esta y Vilcha.

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En dirección a Sloviansk y Kramatorsk, se han producido nuevos ataques rusos contra Mykholaivka y sobre Orikhivatka, logrando además consolidar pequeñas ganancias en torno a Rai-Oleksandrivka, retomada semanas atrás por las AFU.

En el sector de Konstyantynivka, fuerzas ucranianas ocuparían todavía posiciones en la línea férrea Donetska, al sur de la urbe, aunque puede tratarse del resultado de una infiltración reciente, ya que los ucranianos también llevan a cabo este tipo de acciones para contener así a los rusos y retardar sus avances, que en el casco urbano llevan tiempo siendo nulos.

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En dirección a Dobropillia, la situación sigue apenas sin cambios, con ataques rusos constantes sobre el sur y noreste de la ciudad, mientras presionan sobre toda la línea de pequeñas poblaciones en torno a esta localidad.

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Más allá de esto, no hay nueva información que afecte a Komar o Uspenivka, ni a Guliaipolé, como tampoco a Orijiv o el Dniéper.
 
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“Tenemos suerte”, suspira Volodímir, de 77 años, asomado al balcón de su casa medio destruida en Kramatorsk. Delante, los hierros retorcidos y roídos por las llamas de lo que hasta una semana antes eran dos de los autobuses de línea de la ciudad. Una bomba planeadora rusa cayó en medio de ambos y mató a 30 personas el 8 de octubre. Volodímir y su mujer, Ludmila, de 67 años, habían salido unos minutos antes al mercado. Al regresar, se toparon sin esperarlo con el infierno en la calle Yuvileina, que transcurre delante de su edificio. “Tenemos suerte”, repite incidiendo en los cuantiosos daños que sufre su apartamento al tiempo que acaba de cubrir las ventanas con tablones facilitados por unos soldados.

Kramatorsk, el mayor núcleo de población que mantiene Kiev bajo su autoridad en la región oriental de Donetsk, es a estas alturas la joya más preciada por Moscú en esta zona de Ucrania. Las tropas invasoras, a una decena de kilómetros, ya la ocuparon tres meses en 2014. Ahora, como no logran avances significativos, la asedian día y noche desde el aire para hacer imposible la vida en ella. Y lo están logrando.

Volodímir y Ludmila cada vez han de andar más para ir a por comida o agua. Tienen claro que el autobús no pueden volver a emplearlo más. El supermercado más próximo ha sucumbido a los ataques. Quizás por tener que desplazarse más lejos el día del bombazo se salvaron, da a entender él. Pero deja claro que la metralla acabó también con su nevera, la televisión y —para él importante— su butaca.

Así que ha llegado la hora de irse, reconoce. En cuanto deje todo lo aislado que pueda el apartamento, hacen las maletas y se van. Ya estuvieron un año fuera, en un pueblo no muy lejos, al principio de la gran invasión rusa en 2022. Ahora no tiene claro dónde se instalarán, pero cuenta que mantienen amigos en diferentes zonas del país dispuestos a acogerlos. “¿Qué otra cosa podemos hacer?”, justifica.

Las autoridades locales, conscientes de que Rusia no va a dejar de apretar el acelerador, ha impuesto una medida draconiana desde el 1 de noviembre en todo el territorio que controlan de Donetsk salvo en un par de localidades. Se trata de decretar un estricto toque de queda entre las 16 horas y las 11 de la mañana. Es decir, los habitantes que aguanten todavía tendrán que estar 19 horas al día resguardados.

Ya desde el 22 de octubre impera la prohibición de que vivan niños tanto en el distrito de Kramatorsk como en el de la ciudad vecina de Sloviansk. “Permanecer allí con niños supone un riesgo injustificado”, advierte Vadym Filashkin, jefe de la autoridad regional.

El presidente Volodímir Zelenski cree que sería “muy peligroso” que sus tropas cedieran en este frente. Por eso, lo mantienen “estrechamente reforzado”, porque de ello depende la seguridad del país ante la idea de Rusia de avanzar hacia la vecina región de Dnipro, explicó, con una mapa sobre la mesa, en una entrevista con el inversor británico Steven Barlett publicada el jueves.

Drones, no; artillería, sí​

El día está nublado, chispea y el ambiente está brumoso. Mal día para que los drones rusos hagan de las suyas. Aun así, por las calles de Kramatorsk apenas circula gente. Algunos avanzan como fantasmas, con la mirada fija en la acera. Otros, se detienen sin dudarlo y se explayan. Para ellos supone una especie de ansiolítico contar cómo es resistir en esta ciudad cada vez más carcomida por la guerra. La lluvia no ayuda a los drones, pero parece no interferir en la artillería. Los estruendos son ostensibles y, a veces, las pasadas rasgan el cielo por el centro de la ciudad.

Aprovechando la ausencia de drones, Igor, un soldado de 43 años de la Brigada 24, pasea con su vetusto rifle al hombro. “Este kalashnikov es un año más viejo que yo”, comenta entre risas. “Pero funciona bien”, aclara. Asegura que ya ha derribado más de uno de esos aparatos. Muestra la foto del dron a los pies de su cama como trofeo. Parte de su misión es también rescatar de las redes que cubren las calles, como medida de protección, los aparatos rusos que se quedan atrapados. Los desactivan y entregan a sus compañeros para que reutilicen todo lo que puedan.

A unos centenares de metros, rodeada de edificios semiderruidos, se levanta muy malherida la iglesia ortodoxa de la Natividad de San Juan Bautista, bombardeada el 22 de septiembre. Varias palomas merodean buscando alimento entre los cascotes. No es el único templo atacado directamente.

“Ya ves la situación por ti mismo”, afirma Serguéi, de 64 años, mientras gira arriba la vista hacia el edificio que se alza junto a él. La mole de una decena plantas está devastada, pintada de negro por el humo y con un boquete en medio de la fachada, donde impactó el proyectil que ocupa varias plantas apartamentos.

“Si tuviéramos dinero, ya nos habríamos ido”, explica este jubilado, que vive junto a su hermana y el hijo de ella, que sufre una discapacidad. Los dos regresan a casa tras cargar los teléfonos móviles. Pese a los ataques, las limitaciones en los suministros básicos como agua o luz obligan a los ciudadanos a pisar la calle. “A este distrito nadie quiere venir ahora”, aclara, no lejos de donde siguen inmóviles los esqueletos de los autobuses, con la mirada puesta ahora en el local calcinado que acogía hasta hace poco un supermercado.

Hay establecimientos como este a los que las bombas obligan a echar el cierre. Otros lo hacen por la inseguridad y la falta de clientela. Toda esta espiral bélica absorbe también a miles de personas, que se van por sus propios medios o son evacuadas en un incesante goteo. En el 30% de la región de Donetsk que controla Kiev viven todavía unas 71.000 personas, de las que 3.000 son menores, informaron las autoridades locales. En las dos primeras semanas de octubre unas 4.300 se han marchado, la mitad de ellos de Kramatorsk.

Vida imposible​

Natalia, mujer de soldado, regresa hacia casa tras dejar empaquetadas en una sede de la empresa Nova Poshta todas las pertenencias que se va a llevar consigo. Los voluntarios que organizan las evacuaciones solo permiten pequeños bultos para que estas no se conviertan en mudanzas que compliquen las operaciones. “¿Puedes meter toda tu vida en una maleta?”, se pregunta.

La mujer, que no quiere dar su edad, se irá al oeste de Ucrania junto a su madre, Vira, de 83 años, antes de cruzar ambas a Polonia. Allí vive un hijo de Natalia, que les insiste a diario para que se vayan de Kramatorsk. “La vida aquí se ha vuelto imposible”, acepta con cierta tristeza ella recordando que unos días atrás pasó el día de su cumpleaños sola delante de una taza de té como toda celebración.

Cuenta que la vida le iba bien al frente de su negocio de mantas, edredones y cojines. También como de costurera, pues disponía, recalca, de varias máquinas profesionales de las que solo se podrá llevar tres pequeñas. Pero la guerra no le impide iluminar su rostro con maquillaje, con unas cejas cuidadas y los labios rojos. “Esto no puede considerarse maquillaje”, responde negándose a posar para una foto. “Ahí detrás todavía queda una chica que nos hace la manicura”, apunta.

Al contrario que Natalia y otros vecinos consultados, los hay que no tiene pensado irse. Gregori, profesor de Física jubilado de 83 años, vive junto a su mujer en uno de los portales de un bloque literalmente partido en dos por una bomba planeadora. “Estamos vivos. Lo único es que pasamos un poco de miedo”, explica refiriéndose a la mañana del ataque y restando importancia al desolador escenario que tiene delante. “No tenemos previsto irnos a ningún sitio”, deja claro.

La que asumió hace algunas semanas que tenía que irse es Irina Artiomova, propietaria de una de las más sorprendentes atracciones que quedaban en la ciudad, el acuario. Los bombardeos habían llegado a las instalaciones, en el centro, aunque sin dañar a ninguno de los ejemplares que hacían las delicias de los soldados y sus parejas las tardes de asueto.

Las pirañas, las tortugas, las rayas y todas las demás especies de las peceras han sido evacuadas en coche o en tren hacia instituciones públicas o a particulares. También una serpiente pitón, entre otros animales que les habían ido dejando en depósito las familias que se iban de Kramatorsk. “Hace poco fuimos a ver a algunos de ellos al Oceanario Nemo de Járkov y nos alegró comprobar que se han integrado muy bien y han empezado a tener crías”, agradece.

Por la solitaria plaza central de la ciudad, delante del Palacio de Cultura y Tecnología, camina portando una bolsa de plástico Olena, de 71 años. Tampoco la guerra la va a echar a ella, asegura. “No tengo miedo. Voy caminando e incluso pensando que pueden matarme, pero ya he vivido mi vida. El problema es cuando te quedas herido, es mejor que te maten”.

Poco después, el cielo se abre y la tarde se ilumina. En minutos los drones rusos dan por terminada la tregua. Empiezan a aparecer golpeando, entre otros objetivos, un vehículo en el que viajan dos militares, de cuya muerte no dan cuenta fuentes oficiales. También alcanzan, sin generar graves destrozos en el exterior, la sede del Palacio de Cultura. Ese ante el que Olena dijo que para ella no existe el miedo. Sin nubes ni lluvia, Kramatorsk recupera su ritmo infernal.
 
A poniente de Vovchansk,

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tenemos nuevos ataques rusos en la zona de Novza Kozacha, mientras que a levante de Vovchansk, se ha dado una situación similar, aunque con el añadido de algún contraataque ucraniano, en este caso hacia Rybalkyne.

Hacia Sloviansk y Kramatorsk, al norte, durante el día han sido noticia los movimientos ucranianos hacia Ozerne. Según se dice "las geolocalizaciones de los bombardeos rusos de las últimas horas y semanas apuntan a que Ucrania continúa contraatacando en dirección a Ozerne, aprovechando el bosque para infiltrar pequeños grupos. Al mismo tiempo, mantiene la presión frontal sobre las líneas de árboles entre Mykolaivka y Kryva Luka. Estas acciones parecen buscar desestabilizar las posiciones avanzadas rusas, dificultar su consolidación y evitar que puedan reorganizarse para seguir avanzando".

Al sur, esto es, hacia Dobropillia, la situación permanece sin demasiados cambios, más allá del reciente izado de una bandera rusa en Vesele Pole y de nuevas infiltraciones al sur de la propia Dobropillia.

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En dirección a Orijiv, por último, Rusia ha seguido lanzando ataques desde el sur y sureste del sector, mientras los ucranianos siguen lanzando contraataques en la zona, tal y como vienen haciendo desde hace semanas. Las AFU prácticamente habrían logrado limpiar los últimos restos de presencia rusa en Orijiv, aunque según la fuente que consultemos esto podría haber ocurrido ya hace días.
 

Comenzando por Járkov, concretamente por Vovchansk, allí fuentes proucranianas aseguran que las AFU han eliminado una incursión rusa en la zona de Mala Vovcha.

En Kupiansk, más bien al norte, tropas rusas estarían luchando por ampliar su presencia en Radkivka y Holubivka, que no controlan completamente.

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Seguimos ahora por el eje norte del esfuerzo ruso hacia Sloviansk y Kramatorsk, han trascendido nuevas muestras de los combates que se libran en Ozerne, de los que hablamos ayer y hacia donde las AFU están avanzando.

Al sur, en dirección a Dobropillia, los últimos cambios serían a favor de Rusia, con avances en la zona de Bilytske, si bien algunas fuentes daban por hecho estos progresos ya días atrás.

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En dirección a Komar y Uspenivka, la contraofensiva ucraniana sigue adelante, aunque con avances mucho más lentos en las últimas semanas. Pese a ello, "las fuerzas ucranianas despejaron la salient al suroeste de Komar y ahora están expandiendo su zona de control hacia Vesele. También están infiltrándose activamente hasta las afueras de tanto Burlatske como Vilne Pole, donde se están llevando a cabo intentos para establecer un punto de apoyo". Además, "se están llevando a cabo intentos para despejar las posiciones rusas restantes al norte de Komar y enlazar con las fuerzas que operan cerca del pueblo de Zaporizhzhya".

Al oeste de Gualiaipolé la situación no sería tan favorable para Ucrania, con las tropas rusas concentrando principalmente sus esfuerzos a lo largo de las orillas del río Zherebets y llevando a cabo una infiltración "hacia el norte a través del río hacia Yehorivka e incluso las afueras orientales de Omelnyk".

En dirección a Orijiv, por último, aunque la situación en esta ciudad está bajo control y recientemente hemos podido ver a militares ucranianos en las partes orientales de Mala Tomachka, en las últimas horas los ataques rusos les habrían permitido incursionar de nuevo en esta última población, al tiempo que ganar unos metros en Shcherbachy.